Prácticas artísticas, zonas intermedias y utilidad social
[Texto publicado en “Música para camaleones. El black álbum de la sostenibilidad cultural”. Ed. Trànsit Projectes, Barcelona, 2012]

Música para camaleones. El black álbum de la sostenibilidad cultural. Ed. Trànsit Projectes, Barcelona, 2012

Música para camaleones. El black álbum de la sostenibilidad cultural. Ed. Trànsit Projectes, Barcelona, 2012

La utilidad en las prácticas artísticas

Las prácticas artísticas contemporáneas abarcan un amplio abanico de técnicas, tácticas, estrategias, actitudes y posicionamientos, que se llevan a cabo desde plataformas diversas. Ámbitos con matices singulares e incluso innovaciones estructurales que posibilitan la existencia de estas prácticas, a nivel de producción, investigación, difusión, construcción de nuevos públicos (usuarios, participantes) o educación.  A pesar de su diversidad, podemos identificar tres grandes bloques desde los que se articulan las prácticas artísticas contemporáneas en función de la producción y su financiación: los impulsados por las instituciones públicas (o semi-privadas con financiación eminentemente pública), los vehiculados por el mercado (mediadores i productores que comercializan las obras) y los autogestionados (impulsados por los propios productores-promotores). Muchos de los proyectos combinan distintas plataformas con la finalidad de que la “práctica artística” sea producida, comunicada, distribuida, consumida, o socializada en otros.

Desde la aparición de la crisis entre 2008 y 2009, las cosas han ido variando sustancialmente, de manera que este ecosistema articulado por estas tres modalidades “productivas”, están padeciendo sus consecuencias, y de manera incisiva las que dependen en mayor parte de la financiación pública. Las prácticas artísticas que se canalizan por el mercado del arte también se ven afectadas, ya que una parte de este mercado son la mismas instituciones públicas (museos, centros de arte), y en muchos casos la producción de obras es o era inicialmente financiado por ellas. Dejamos de lado la parte que corresponde a un mercado privado, ya que constituye un ámbito particular en el que se mezclan muchos otros factores como el coleccionismo privado, el altruismo, el mecenazgo o el blanqueo de capital.En este caso lo que nos interesa es el valor socializable que este tipo de prácticas promueven o el potencial que tienen para ello.

En este contexto de crisis de valores de lo público, las que claramente se libran y en cierta manera adquieren un auge importante, son la prácticas autogestionadas. Un alto componente de autogestión siempre ha estado muy presente en la producción artística, digamos que es una práctica que en muchos casos se lleva a cabo en un contexto de economía informal, y es autofinanciada por los mismos actores que la promueven, los creadores. En este nuevo panorama aparecen numerosas plataformas que combinan la autogestión con las donaciones particulares, el crowfunding como una forma alternativa orientada a la producción, aunque muchas de las estructuras organizativas de estas plataformas subsisten mediante financiación pública.

Las consecuencias de esta crisis, en el contexto español se han evidenciando de manera clara a partir del 2010 y apuntan hacia la configuración de un escenario distinto al conocido hasta ahora. Una de las preguntas más repetida, tanto desde el ámbito de las administraciones públicas como de la sociedad civil, ante cualquier nuevo proyecto planteado desde las prácticas artísticas contemporáneas es: ¿y esto para qué sirve? Una pregunta que se formula básicamente para  justificar el porqué hay que destinarle un presupuesto a este tipo de cosas, y cual es su retorno a la comunidad (o a la sociedad).

Proyecto Al portal de casa_ i els constructors_ de Jordi Canudas con alumnos de la escuela Milà i Fontanals (Barcelona) y La Sínia (Vic), en el marco de la exposición Artesanos. Creaciones colectivas del espacio social, comisariada por Ramon Parramon en colaboración con Laia Solé y Maral Mikirditsian. La Capella - ACVic, Barcelona 2012.

Proyecto Al portal de casa_ i els constructors_ de Jordi Canudas con alumnos de la escuela Milà i Fontanals (Barcelona) y La Sínia (Vic), en el marco de la exposición Artesanos. Creaciones colectivas del espacio social, comisariada por Ramon Parramon en colaboración con Laia Solé y Maral Mikirditsian. La Capella – ACVic, Barcelona 2012.

De hecho lo que se cuestiona es su utilidad, apuntando de hecho, de una forma cada vez más explícita al profundo distanciamiento existente entre las prácticas artísticas contemporáneas y la ciudadanía. Cuando se quiere justificar el grado de utilidad social que tiene el arte se hace referencia a un término recurrente: el arte como herramienta. Herramienta para ayudar a las personas  a lidiar con la vida y la condición humana, herramienta de mediación en contextos sociales desfavorecidos, herramienta educativa, herramienta que puede ayudar a mejora la calidad de vida de las personas, herramienta para facilitar la cohesión social, herramienta transversal que ayuda a trazar puentes en situaciones de resolución de conflictos, herramienta que otorga una carga simbólica a un determinado contexto, herramienta de comunicación, de propaganda, de innovación, de visibilidad, de participación, herramienta que incentiva el espíritu crítico y el goce estético, etc. Las herramientas suelen ser multifuncionales. Por ejemplo un destornillador que en principio sirve para apretar y aflojar tornillos, con la ayuda de materiales diversos, ingenio, creatividad o un propósito específico, puede servir para construir (reparar) muebles, motores, circuitos eléctricos, electrodomésticos, viviendas, etc. Su utilidad se multiplica y la funcionalidad se diversifica. La práctica artística como herramienta, no ejerce una única función, la utilidad se genera en relación con el usuario, la situación concreta, los objetivos que se persiguen y los participantes en la acción creativa.

Una de las funciones que tradicionalmente ha cubierto la cultura (y de forma muy concreta el arte) está asociada a la idea de controlar la percepción del mundo, e introducir un ámbito de experimentación y análisis crítico en relación con el espacio social.  En estos momentos aparecen nuevos actores en la gestión de las políticas culturales que, influenciados por las estrategias neoliberales, plantean unas programaciones derivadas de las necesidades del mercado, interesados en incrementar  los públicos, convirtiendo las actividades culturales en espacios de entretenimiento, mediante el fomento del turismo cultural y el generar actividades sucintas a demanda. Esto plantea un cambio importante en la relación entre las políticas culturales y la producción artística.  Entendida esta producción como estructura inserta en la relación entre el sujeto, las colectividades y la mutación entre un tipo de sociedad que ha tocado fondo hacia otra de nueva que debe articularse.

“Cuando la cultura deja de ser una herramienta para el diseño, construcción y mantenimiento del orden social, las cosas culturales quedan decomisadas y son llevadas a subasta para que las adquiera el mejor postor”[1]. Esta cita corresponde a un diálogo mantenido por Zygmunt Bauman y Maaretta Jaukkuri antes del estallido de la crisis actual. Más recientemente algunos de los temas que comentan se han agravado, ante la deriva de la mayoría de gobiernos y su imposibilidad de controlar una situación ocasionada por una versión del capitalismo que se extendió por todo el mundo y que ha provocado una situación de caos en la mayoría de países, en especial a los que pertenecen a la Unión Europea. Esta grave situación actual se ha fundamentado en una fórmula caracterizada por “la liberalización de los mercados, la desregulación de la economía, y sobre todo, del sector financiero, la privatización de los bienes del Estado, impuestos bajos y el mínimo posible de gasto público”[2]. La imposibilidad de control por parte de los poderes políticos es evidente, donde la mayoría de servicios conquistados durante años, que formaban parte de la sociedad del bienestar, están en peligro o directamente desaparecen de los presupuestos públicos. Las estructuras y plataformas para el arte y la cultura son parte de ellos, los que con más dificultad pueden justificar su razón de ser ante una sociedad donde los índices de paro no dejan de crecer y  donde se expande la precarización laboral.

TC+I01 TC+I Taller colectivo + Intervención en el espacio público. Taller dirigido por Todo por la praxis. Proyecto de IDENSITAT para Post-it City. Ciudades ocasionales en colaboración con CentroCentro, Madrid 2011

TC+I Taller colectivo + Intervención en el espacio público. Taller dirigido por Todo por la praxis. Proyecto de IDENSITAT para Post-it City. Ciudades ocasionales en colaboración con CentroCentro, Madrid 2011

En el contexto de unas circunstancias sociales menos tensas, establecer argumentos que justifiquen la razón de ser y el sentido de utilidad de las prácticas artísticas tendría que ser  más fácil. De todas formas sigue siendo algo pendiente a pesar de haber pasado momentos de mayor estabilidad. Las prácticas artísticas, en tanto que parte importante del hecho cultural, ha tenido problemas para explicitar funciones que cubre, servicios que presta y públicos, audiencias o colectivos a los que se dirige. En términos de conexión (más integración, menos exclusión) de las prácticas artísticas con la sociedad (el territorio), sigue teniendo un largo recorrido pendiente de definiciones, acciones y políticas culturales que las articulen.

Cuando planteamos que el arte puede jugar un papel de mediación, de transversalidad en contextos específicos, que puede cooperar con otros agentes con objetivos similares pero con metodologías distintas, estamos planteando alternativas posibles que pueden además acortar distancias existentes entre el arte y la sociedad. Acortar estas distancias, en estos momentos deviene prioritario e imprescindible para generar un nuevo contexto.

Cuando la actividad cultural, en general, y la artística, en concreto, se las evalúa y se deciden políticas a partir de indicadores puramente cuantitativos (público, espectadores, cotización…), se lee como que están aplicando criterios modelados por cuestiones puramente mercantilistas. Los mismos criterios que durante las recientes décadas se han revitalizado y des de los cuales se contempla el espacio social como una suma de individuos consumidores.

El concepto de utilidad entendido de manera cualitativa no puede ser cuantificable por indicadores puramente numéricos. Utilidad, en economía, es la capacidad que tiene un bien  o un servicio de dar satisfacción a una necesidad. Una necesidad es un deseo que tiene una persona sobre este bien o servicio. En un sentido amplio utilidad es equivalente a bienestar y satisfacción, por lo tanto es un valor subjetivo, que responde de manera caprichosa a gustos, preferencias y deseos de las personas (consumidores – usuarios – participantes ). Una misma combinación de bienes obtendrán utilidades (satisfacciones) diferentes, en función de los gustos y deseos de cada uno. Un bien o servicio tiene utilidad para alguien si esta persona prefiere poseerlo a no poseerlo[3]. De ello se deduce que cuanto mayor sea el consumo de un bien mayor será la satisfacción.  Desde la perspectiva de las prácticas culturales y artísticas, si mesuramos la utilidad únicamente por el número de usuarios (consumidores) particulares dejamos de lado todo lo que se refiere a la socialización de los bienes o servicios que de ellos se deriva[4]. No podemos entender la utilidad social como la suma de utilidades individuales. La suma de beneficios individuales no conlleva la suma de beneficios sociales, requiere de una regulación por parte de las instituciones para equilibrar, y requiere de acciones colectivas que construyan este deseo que debe satisfacer a intereses comunes. Aumentar la calidad de vida de las personas, desarrollar sus habilidades sociales, incrementar la relación con el entorno o potenciar la creatividad, son algunas de las utilidades potenciales. Un deseo que debe forjarse no tanto en el sentido del consumo de algo, sino de la necesidad de construir algo nuevo en el que el ciudadano puede ser partícipe en un deseo de transformación compartida. Dos cambios de planteamiento, primero incorporar lo cualitativo en los indicadores y establecer objetivos claros que permitan ser evaluados, segundo trabajar de manera interrelacionada con otros ámbitos (sin ninguna necesidad de que pertenezcan al de la cultura) para articular el deseo y la satisfacción aplicada al espacio social. Incrementar la noción de utilidad a partir de un tipo de “prácticas artísticas expandidas” que satisfacen una suma de intereses (deseos) colectivos. En un contexto donde la responsabilidad de las administraciones públicas hacen una huída hacia el desmantelamiento social, por insostenible, deficitario o adeudado, las alternativas promovidas por la ciudadanía y generadas en contextos col·lectivos toman y deben tomar mucha más fuerza. La autogestión puede ser entendido como un mecanismo de supervivencia, pero también de militancia.

Posicionamientos ante las adversidades

import-export01 y 02 Proyecto iD Barrio Import-Export. Taller realizado en los barrios El Gorg i La Salut de Badalona dirigido por Straddle3 y Todo por la Praxis. Proyecto de IDENSITAT, 2011

Proyecto iD Barrio Import-Export. Taller realizado en los barrios El Gorg i La Salut de Badalona dirigido por Straddle3 y Todo por la Praxis. Proyecto de IDENSITAT, 2011

Todas estas transformaciones están pendientes y nos encontramos ante un panorama adverso..Un escenario de adversidad donde es necesario encontrar vías en las que las prácticas culturales, el arte, adquieran un papel activo, propositivo, encarado a paliar una situación que las instituciones actuales se perfilan como incapaces de resolver, tanto por problemas económicos, ecológicos, sociales o políticos. Estamos en un cambio de largo recorrido que afectará y transformará nuestras sociedades. En esto coinciden numerosos autores que analizan el porqué y las consecuencias de la crisis en la que nos encontramos (Neil Smith, Raj Patel, Joseph E. Stiglitz, Alain Touraine, Ramon Fernández Durán). Prácticamente todo ellos coinciden en que la actual situación plantea un futuro abierto, sin vuelta atrás, en el que las soluciones o los resultados pueden ser contrapuestos.

“Podría ser un caos que trae una fuerte (o más fuerte) represión estatal, o puede ser un caos que regurgita alternativas muy reales para la organización social”[5]. El geógrafo Neil Smith plantea que  el futuro urbano está abierto y que debe respirar un aire de igualdad, de esperanza, dejando de lado la apatía y el cinismo. Para Raj Patel, el mundo nunca se verá tal como es a través de la óptica del mercado, es necesario recuperar el derecho a tener derechos, derecho a la participación, la capacidad de compromiso social, en definitiva generar un movimiento activo en el que la sociedad se haga de nuevo con el poder que le ha arrebatado el mercado, recuperar la economía y la democracia. “Para recuperar la política, también nosotros habremos de tener más imaginación, más creatividad y más valentía”[6].

Para Stiglitz[7] este es el momento para pensar la sociedad que queremos y plantear si estamos creando la economía que nos encamine a estas aspiraciones. Él plantea que hay que crear un nuevo sistema económico que genere empleo, un sistema financiero al servicio del ser humano, en el que se reduzca la brecha entre los que tienen poco y los que tienen mucho, y sobretodo construir una nueva sociedad en la que cada persona pueda desarrollar su propio potencial en una comunidad que respete el planeta. Para él, el peligro real es que no se aproveche la oportunidad que posibilita el momento.

Alain Touraine deja claro que no existe una posible solución interna a la crisis. Él percibe dos posibles vías, una pasa por la catástrofe europea, ante la imposibilidad de reformar y controlar las operaciones financieras. Un mundo en el que los lazos entre economía y la sociedad han sido rotos por la globalización y en la que ya nadie consigue ejercer un control. La segunda, más optimista, basada en la consolidación de la defensa de los derechos universales del hombre como única vía posible. Consiste en aprovechar la mutación de una sociedad a otra, a partir de nuevos movimientos sociales y culturales, “considerar la capacidad de los seres humanos de construir, gracias al lenguaje, las representaciones artísticas y la creación de un -más allá-, considerando el origen de su propia creatividad, como los garantes de sus propios derechos”[8].

De forma coincidente se apela a la creatividad inherente al ser humano como uno de los elementos indispensables para el resurgimiento airoso ante la adversidad. Una creatividad que ha de trabajarse, expandirse a diversos ámbitos y que debe manifestarse como creatividad social, es decir articularse a partir de acciones colectivas con objetivos que son posibles de compartir.

De una manera radical, mediante el análisis del pasado reciente y del presente “catastrófico” para el planeta, Ramon Fernández Durán sugiere que el momento de crisis actual es una consecuencia de la quiebra del capitalismo global, iniciado en el 2000 y que se prolongará hasta el 2030, coincidiendo con el declive energético fósil, cuya intensidad no podrá ser sustituida por ninguna de las fuentes de energía alternativas conocidas hasta ahora. Plantea que el inicio del fin de esta energía genera una ruptura histórica total[9]. Su documentado análisis propone una visión “atroz” del presente continuo, su hipótesis hacia los futuros posibles “sumamente fluidos i cambiantes” plantean una oportunidad de transformación.

Es necesario construir nuevos relatos, el pensamiento humano necesita de ellos, que de manera simbólica interpelen a la toma de conciencia sobre la interdependencia global, a la responsabilidad personal para una evolución de la situación contemporánea, donde dibujar posibles salidas requiere sustituir el individualismo competitivo por el individuo cooperativo.

 

Zonas intermedias: Núcleos inestables – Periferias flotantes

Proyecto iD Barrio Import-Export. Taller realizado en los barrios El Gorg i La Salut de Badalona dirigido por Straddle3 y Todo por la Praxis. Proyecto de IDENSITAT, 2011

Proyecto iD Barrio Import-Export. Taller realizado en los barrios El Gorg i La Salut de Badalona dirigido por Straddle3 y Todo por la Praxis. Proyecto de IDENSITAT, 2011

Esta situación en la que se requiere de nuevos relatos plantea un nuevo paradigma también para las prácticas artísticas y culturales. Hasta ahora algunas de ellas han jugado un papel simbólico próximo a los centros de poder, mientras que otras se han situado de forma pretendidamente periférica, con el fin de investigar opciones alternativas o situarse en una condición de crítica al sistema. Cuando el sistema se desmorona, la acción crítica debe rearticularse como acción directa y por lo tanto plantear discursos (relatos) estructuradores de otra realidad social, partícipes en los procesos de transformación. Los ámbitos de acción, hasta ahora periféricos desde el cual operaban este tipo de prácticas, toman una mayor importancia en el contexto contemporáneo.

Una zona intermedia es un lugar de mediación entre diversas cosas. Existen un tipo de prácticas artísticas cuya función puede ser entendida a partir de la actividad que ejercen como vehiculadoras de relaciones entre cosas de distinta naturaleza (en relación con la educación, con la ciencia, con el urbanismo, con una determinada comunidad…). Este tipo de prácticas actúan en zonas intermedias. En estas zonas intermedias los centros se vuelven inestables, se cuestionan y la condición periférica se revaloriza, se multiplica porque aglutina un relato constructivo de cambio. La necesidad de encontrar una salida a la situación límite en la que se vive, justifica su razón de ser y su utilidad (entendida como deseo de algo nuevo).

La relación centro-periferia es un concepto prolífico en diversos ámbitos como la geografía, el urbanismo, la economía, la sociología o la política. También desde el ámbito de la cultura ha generado una gran cantidad de relatos visuales y simbólicos. Específicamente la estética de la periferia urbana ha sido y sigue siendo polo de atracción de numerosos artistas, arquitectos, cineastas y literatos.

La periferia es algo flotante, múltiples lugares que cohabitan en relación con otros lugares más establecidos, más institucionalizados, más pesados, más densos, con más compromisos, menos autónomos, con estructuras menos fluctuantes que denominamos centros. Ser centro conlleva una responsabilidad histórica, moral, estructural y sistémica que le resta dinamismo. Necesita irradiar para posicionarse y competir de manera continuada con los otros núcleos de poder, de decisión, de control, de pensamiento, económicos, urbanos o sociales.

Los centros de decisión económicos están concentrados en unos pocos que capitalizan enormes cantidades de fortunas con las que especulan utilizando los sistemas financieros legalizados y el criterio de un mayor enriquecimiento personal. Toda esta articulación financiera ha dejando al margen las acciones de los gobiernos, perjudicando a los asalariados y está desplazando a una nueva periferia a los desempleados y los precarizados. La periferia urbana y la periferia social ya no coinciden, pero si que se mantiene y acentúa una tensión polarizada por desequilibrios económicos. Crecen las diferencias sociales entre rentas más altas y la más bajas, incrementando los niveles de pobreza. Según Alain Touraine, las categorías sociales se han fragmentado apareciendo numerosos grupos más reducidos donde “los pobres se distinguen de los muy pobres, para diferenciarse”[10], los trabajadores inmigrantes suscitan el rechazo de una gran parte de la población y entre ellos constituyen otros subgrupos, una fragmentación que ha llevado a desdibujar lo que hasta ahora se llamaban clases sociales y que para Touraine significa el fin de lo social o una situación “postsocial”.

La periferia es un espacio en el que se puede reinventar y rehacer continuamente, es el lugar de la creatividad y la exploración. “Lo monstruoso siempre está en la periferia. En el centro tenemos nuestros usos, costumbres, nuestra moral, etc. Y en la periferia recogemos todo aquello que es trasgresor”[11].

Tradicionalmente la periferia era un lugar de desplazamiento, de indiferencia, de miseria, de exclusión, de invisibilidad, un espacio fuera de las fronteras de lo controlado y lo visible. En estos momentos es el espacio donde se escenifica la hibridación, el lugar donde todo el que quiere formar parte de un proceso de transformación debe estar. Porque los centros (de poder) se han convertido en núcleos inestables, espacios en decadencia, estructuras gobernadas a la deriva, y las periferias son estos espacios donde es posible construir algo nuevo. Ser periferia o formar parte de ella, en sentido cultural, se ha convertido en una manera de plantear formas alternativas, un espacio de flujos[12] desde donde reivindicar nuevas concepciones del mundo, nuevas sociedades posibles.

Desde estas zonas intermedias donde los núcleos devienen inestables y las periferias proliferan de manera deslocalizada, las prácticas artísticas pueden posicionarse como parte activa en procesos trasformadores.  Primero deben redefinirse, de la misma manera que muchos colectivos sociales o muchas actividades que pretenden incidir en las políticas de los gobiernos. No hay vuelta atrás, tal y como han manifestado los diversos autores citados, no volveremos a la situación anterior. Tenemos que escribir un nuevo relato bajo unas condiciones que se precarizan de manera progresiva. Tenemos que analizar, debatir y tomar posiciones para posteriormente transmitirlas, no tan solo a los políticos, sino también a colectivos sociales diversos. Muchos de ellos también deben redefinirse, por lo tanto podemos aprovechar la ocasión.Quizás desde aquí podemos contribuir a esta necesaria revolución que requiere de la implicación de muchas otras partes.

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[1]   “Zygmunt Bauman dialoga con Maaretta Jaukkuri: “Tiempos líquidos, artes líquidas”, en BAUMAN, Zygmunt. “Arte, ¿líquido?” Ediciones sequitur, Madrid, 2007. Diálogo inicialmente publicado en 2007 por la Academia Nacional de las Artes de Bergen, Noruega. KHiB, Bergen 2007.

[2]   Lanchester, John. “¡Huy! Porqué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar”. Editorial Anagrama, Barcelona 2010.

[3]   Distintos glosarios sobre fundamentos de economía hacen referencia a ese concepto, por ejemplo los consultados en la web de la Universidad de la Habana: http://www.uh.cu/sitios/cult_econom/glosario/u_v_w, o las definiciones de wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Utilidad_(economía)

[4]   La economía de la cultura supone en sí un campo de trabajo que se interesa por la aplicación de la teoría y el análisis económico sobre los problemas del arte y las prácticas culturales. Pone en funcionamiento herramientas propias de la economía en las actividades artísticas y culturales desde la producción, el intercambio, el consumo y el bienestar.  (En MARCHIARO, Pancho. “Inconsciente colectivo. Producir y gestionar cultura desde la periferia”. Universidad Pascal, Córdoba, 2007. pp 421-422). No es el objetivo de este texto adentrarse en este campo específico a pesar de referirnos a términos propios de los fundamentos de la economía.

[5]   Smith, Neil. “Ciudades después del neoliberlismo”. en VVAA. Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistémico. Museu d’Art Contemporani de Barcelona – Universitat Autònoma de Barcelona, Barcelona 2009. p.29

[6]   Patel, Raj.”Cuando nada vale nada. Las causas de la crisis y una propuesta de salida radical”. Los libros del lince, Barcelona, 2010. p.208

[7]   Stiglitz, Joseph E. “Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial”. Santillana Ediciones Generales SL, Madrid 2011.

[8]   TOURAINE, Alain. “Después de la crisis. Por un futuro sin marginación”. Ed Paidós, Barcelona, Buenos Aires, México, 2011. pp 158

[9]   FERNÁNDEZ DURAN, Ramón. “La Quiebra del Capitalismo Global: 2000-2030, Ecologistas en acción, Virus Editorial, Baladre, CGT, Madrid, 2010

[10] Op. Cit. pp 62

[11]          ARGULLOL, Rafael. “Centro y periferia. Criaturas fronterizas.” En http://www.elboomeran.com/blog-post/2/4606/rafael-argullol/centro-y-periferia-criaturas-fronterizas.  Publicado el 28/8/2008

[12]        El concepto articulado por Manuel Castells a mediados de los 90 en el que el espacio de los flujos se sobrepone o está incorporado a los espacios de los lugares, se ha ido confirmando. El planteaba que para ser competitivos en la nueva economía, en la productividad y entre las regiones y ciudades, se debían combinar tres elementos clave, la capacidad tecnológica informacional, la calidad de vida y la conectividad a redes internacionales. De estos tres valores el que ha sufrido una relegación más evidente es el que se refiere a la calidad de vida, debido a la dualización económica y social que se ha instaurando en la ciudades. En: CASTELLS, M. (1993), “European Cities, The Informational Society, And The Global Economy”. Tijdschrift voor economische en sociale geografie, 84: 247–257.