Entrevista de Ramon Parramon por XAVIER VERDAGUER. (Lateral, 2000)

Entrevista publicada en LATERAL Revista de cultura. N71. Noviembre 2000

Ramon Parramon
Entrevista de XAVIER VERDAGUER

Hasta el próximo 7 de enero (2001) puede visitarse en el Centre d’Art Santa Mònica de Barcelona la exposición Territorios ocupados. En esta instalación, Ramon Parramon ­como ya hizo en el interactivo Visiones periféricas­ vuelve a focalizar su interés en torno a la idea de espacio público como lugar de debate y de intercambio de ideas. El objeto del trabajo son cuatro zonas muy concretas de la periferia de Barcelona que hoy en día se ven afectadas por grandes transformaciones urbanísticas. Estas mutaciones en el territorio inciden sobre sus habitantes y comportan la desintegración social, desplazamientos, reivindicaciones… Parramon, sirviéndose de las nuevas tecnologías y de material de archivo, concibe su obra como una mesa de debate abierta a la participación ciudadana. Con ello, desvela los aspectos más humanos, pero también más críticos, que se esconden tras de un realidad social y física concreta.

¿Territorios ocupados ­respecto a las optimistas exposiciones oficiales en torno al espacio público­ pretende funcionar, quizá, como una contraexposición?

En parte sí, pero no directamente. Tiene la voluntad de ir en paralelo a determinadas intervenciones urbanísticas. Quiere desvelar las voces más ocultas y más críticas que hay detrás de un determinado proceso de transformación urbana. En este sentido, en este trabajo recojo toda una serie de opiniones, imágenes y documentos que por lo general no tendrían cabida en una exposición oficial, pero la incorporación de todo este material está hecha teniendo en cuenta un determinado tratamiento artístico y expositivo.

 

Pilar Parcerisas, comisaria de la exposición, ha definido su trabajo como “posconceptual”. ¿Cree que es un término válido para definir su obra?

Las terminologías, y más hoy en día, son muy problemáticas. El arte actual es algo híbrido y se debate en un terreno muy complejo. Querer acotarlo con términos es peligroso y reduccionista.

A pesar de ello, no es del todo erróneo definir mi obra como posconceptual. De hecho mis influencias artísticas hay que buscarlas en esta dirección: en artistas como Antoni Muntades, Hans Haacke…

¿Cómo nace el proyecto de Territorios ocupados?

Nacería en 1998 con el interactivo Visiones periféricas: un CD Rom que incluía tres vídeos que trataban sobre el tema de la periferia urbana. En ese proyecto ya había unos mecanismos de trabajo encaminados a que la obra pudiese expandirse en el tiempo. También hay que decir que Visiones periféricas era más una mirada rápida sobre el territorio, mientras que en Territorios ocupados hay una introspección más profunda: entrar en los sitios, hablar con la gente, involucrarla en el proyecto…

¿En un trabajo como éste ­tan diáfano en el espacio y en el tiempo­ no se corre el riesgo de que haya interferencias que desvíen la intención inicial del proyecto?

De antemano ya prevés que pasarán cosas no previstas porque en este tipo de trabajos interviene y participa mucha gente. Todas estas aportaciones e ideas que van surgiendo a lo largo del proyecto ayudan a configurar la obra, la amplían. Tengo también un interés especial en que el trabajo pueda ser reutilizado por los colectivos que han contribuido ­directa o indirectamente­ a hacerlo posible. En este sentido, asumo la pérdida de control sobre la obra, cuando esto pasa significa que el trabajo es útil y oportuno.

Walter Benjamin en su ensayo “El autor como productor” ya abogaba por un arte al servicio de la sociedad. ¿Cree que esta concepción social de la obra de arte sigue teniendo validez?

Sí, yo personalmente creo que aún puede haber una utilidad en el arte. El problema es que el mercado y las instituciones han apostado ­salvo algunas excepciones­ por una tradición artística muy concreta. Han acotado el campo de actuación artística a un determinado tipo de obras y, al hacerlo, el arte más crítico y comprometido con lo social ha quedado excluido, como si no existiera.

¿Cuándo empezó a interesarse por el tema del espacio público?

A principios de los noventa entré en una nueva fase de búsqueda, de discusión y de nuevos proyectos que tenían por objeto el espacio público. Pero todo aquello quedó en el aire. A pesar de ello, la experiencia de salir de la reclusión del estudio y contactar con gente de diferentes ámbitos fue muy positiva. En 1992 fui a Nueva York a ampliar estudios en la School of Visual Arts. A partir de aquella experiencia nació Stand itinerante: un trabajo focalizado hacia el espacio público y que incorporaba ideas y proyectos de otros artistas y colectivos.

Su concepto de espacio público va mucho más allá de la idea de espacio como algo meramente físico.

Sí, en mis trabajos no hay un interés hacia el espacio público en un sentido físico sino que lo entiendo más como un lugar de debate, de intercambio de ideas, de investigación. Mi obra se interesa por un tipo de intervenciones que se manifiestan en el espacio público pero desde un enfoque crítico y de intervención social.

Con Territorios ocupados ha entrado de lleno en disciplinas como la sociología y la antropología. ¿No corre el riesgo de apartar demasiado su trabajo del ámbito propiamente artístico?

Es verdad que en el trabajo hay una orientación hacia la antropología urbana o hacia la etnografía del espacio público pero no creo que mi trabajo sea un estudio antropológico. Pienso que tendría más conexiones con el género documental. También, e incidiendo en lo que ya he dicho, hoy el artista se mueve por un terreno muy poco definido, está contagiado por disciplinas no estrictamente artísticas. Pero no creo que esto sea un problema, al contrario, creo que es bueno y estimulante ya que abre nuevos horizontes creativos.

Los artistas españoles tienen poca proyección internacional. ¿Cuál es el motivo? ¿Quién tiene la culpa?

Hay muchos factores. En España, los presupuestos institucionales dedicados a la creación artística son muy reducidos si los comparamos con los de otros países. Faltan infaestructuras alternativas y nuevas mentalidades. Aquí las galerías de arte funcionan como tiendas. La mayoría de galeristas conciben el arte como un producto de consumo. No hay personas preocupadas en apoyar de manera activa a los jóvenes creadores, de promocionar su obra en el extranjero, de financiar sus proyectos. Pese a ello, el arte que en estos momentos se está haciendo aquí es comparable, a nivel de calidad, al de países como Inglaterra, Alemania…

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